Gerard Lanvin

Como lo prometido es deuda aquí tenéis la entrevista con Gérard Lanvin, que en la “Secretos cantados” interpreta el papel de “Nicky Guazzini”:

-¿Qué fue lo que te atrajo cuando leíste el guión de “Secretos Cantados”?

-Lo mismo que siempre, la forma de escribir. Cuando se trata de seres humanos, siempre es interesante introducirte. Aquí tenemos una historia familiar, una historia sobre una herencia que se va a repartir y, por supuesto, esto va hacer que los personajes se revelen cómo son en realidad. El primer desafío fue crear una familia de la nada, antes de que Thierry le diera vida con unos actores increíbles. El segundo desafío, para mí, fue ser el mago, ser la persona que intenta poner su talento y su habilidad cuando en realidad soy muy torpe. Fue completamente fascinante, buscamos en nuestros papeles hasta el final cosas que aún no habíamos trabajado. Al final, lo que me atrapó, no en el guión, sino en esta aventura, fue la determinación y el deseo de Thierry. Sé hasta que punto es cercano a los actores y cómo les quiere. En el rodaje fue muy importante devolverle esa energía y motivarle haciendo las cosas lo más parecido posible a lo que él había imaginado.

-¿Cómo describirías tu personaje?

-Nicky es sobretodo un seductor. Un hombre que conoce el poder que ejerce sobre la gente, y que se siente muy atraído por las mujeres. En el momento de su llegada a Algeria, en el momento de la independencia, cuando era sólo un adolescente, fue acogido por un hombre, Gabriel (Claude Brasseur), que le modela, le convierte en la persona que es, pero que al mismo tiempo, por protegerle demasiado, le hace frágil. La muerte de este hombre le va a hacer darse cuenta de hasta qué punto fue traicionado o poco respetado por las mujeres que le amaron. Es inocente. Un hombre de mi edad pero ingenuo, y aún con un deseo absoluto de seducir. Conocerá a una cantante, Léa, interpretada por Enmanuelle Béart, de la que piensa que puede ser uno de sus últimos romances. Por último, pero no menos importante, es un hombre del negocio del espectáculo que tuvo su pequeño momento de gloria, pero que en la actualidad se refugia en el Loro Azul, que significa toda su vida y del que va a ser despojado, puesto que él no va a recibir esta herencia.

-¿Recuerdas cuándo conociste a Catherine Deneuve?

-Por supuesto. Fue en el café-teatro Veuve Pichard. Catherine iba a menudo a ver shows allí y cuando actué por primera vez allí, mis ojos se encontraron justo con los suyos. ¡Y ella lo recuerda! Más tarde, trabajé con ella en “Choice of Arms”. Sólo estuve un día con ella. Sólo hicimos una escena en la que yo la mataba. Ahora, en esta película nos enamoramos. Es maravilloso trabajar con ella. Incluso venía al rodaje aunque no tuviera ninguna escena. Sólo para darnos ánimos, por el placer de estar allí con nosotros.

-¿Y Enmanuelle Béart?

-Jean Claude Brialy nos presentó hace mucho tiempo, en una proyección en un pequeño cine. Después de eso no volvimos a cruzar nuestros caminos, pero es una persona que me gusta mucho porque es sincera. Como todas las mujeres bellas, tiene un una incómoda sensación de que por ese motivo no la creemos, pero es alguien que pone mucho en todo lo que hace, se involucra profundamente. Cuando actúa es toda una presencia. Y pone todo de su parte con mucha sinceridad. Todo esto la hace frágil y equilibrada a la vez, también interesante, guapa, divertida, alguien que ama la vida. Una bella compañera.

-¿Temías alguna escena en particular?

-Un montón. Tememos todas. Exceptuando las escenas en las que nos caemos por alguna escalera, y como siempre nos decimos: “Mientras no me mate”. No, en serio, fue todo muy limpio. Fue un trabajo muy interesante, delicado y preciso. Todo tuvo su dificultad, antes de ser sencillo. Estaba el texto, un texto que tenías que respetar hasta la última coma, en situaciones no obvias. Imagina, conocí a Claude Brasseur en “Camping”, donde nos hicimos amigos, en pantalones cortos y zapatillas de estar por casa, y ahora tenía que bailar con él vestido de mujer, sin que pareciera cómico, al contrario, transmite una hermosa emoción de amor. No es obvio al principio pero al final es algo muy simple porque estás metido en la situación. Pero cuando lo lees… Especialmente con el transcurso de las páginas, todo se amontona: tienes que ser muy tierno con Enmanuelle Béart bajo las sábanas, tienes que besar a Catherine Deneuve en un balcón, frente a los fuegos artificiales… no es tan sencillo. Y de repente, todo cae en su sitio y funciona. Lo que es fantástico es que una vez que se dice “¡acción!”, nos metemos sin el menor problema. Al día siguiente, en tu bañera, cuando piensas sobre el asunto, te dices que no era necesario hacer una montaña de un grano de arena. Cómo lo conseguimos, no lo sé. Pero eso es lo mágico, por eso nos encanta hacer películas.

-Si pudieras retener una sola imagen de toda esta aventura, ¿cuál sería?

-La foto al final de la película. Porque la verdad es que hubo muchos actores en esta película, y todas estas actrices con las que nunca había coincidido antes. Trabajé con gente que he visto a menudo en las películas y a la que adoro. Eso es, un particular souvenir de esta película, esa foto de familia.

(Bonito souvenir)


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