Emmanuel Béart interpreta en “Secretos Cantados” a Léa O’Connor, a ver que os parece esta última entrevista de actores de la película.
-¿Cómo definirías tu personaje?
-Su nombre, supuestamente es Léa, pero sospecho que se lo cambió. Es una chica profundamente simple y humilde. Ha sido golpeada en la cara, es obvio. Pero todo esto le da una apariencia de tolerancia hacia la gente que se encuentra, hacia sus defectos, su vanidad, su rabia. Eso es lo que me gusta de ella. Es como si hubiera pasado por esta historia sonriendo a todo el mundo, sin importar lo que ella recibe a cambio, aunque sea algo duro de aceptar. Como si, cuando todo está dicho y hecho, ella estuviera en otro lugar… De hecho, lo está. Porque ella es la única que no está conectada con toda esta historia familiar. Ella está acostumbrada a ir pasando.
-También es cantante.
-Eso parece.
-¿Fue eso parte de lo que te hizo aceptar el papel?
-No, al contrario. Por esa razón casi digo que no. Porque me parecía un personaje hermoso, pero no quería que tuviese mi voz. Además, pensé que Thierry me dejaría elegir: yo intentaría cantar y si funcionaba, adelante, pero si no, mi voz sería doblada. Pero no, él quería mi voz. Sin embargo, él no tenía ni idea de como cantaba yo. Lo hice una vez en “Ocho Mujeres” y otra en “Restos du Coeur”. Fue un verdadero desafío. Él insistió y al final me convenció, así que me lancé y trabajé duro. Eso me recordó la película de Claude, “A Heart in Winter” en la que sólo tenía una obsesión, mi violín, y todo lo demás se convierte en algo anecdótico. Para mí, el corazón de lo que tenía que hacer era tocar el violín. Quiero decir que en parte acabó siendo lo mismo.
-¿Tomaste clases de canto?
-Por supuesto. Trabajé con un americano, David Levi, que es una persona extrovertida y tuvo una manera muy agradable de convencerme de que cantaba bien. Eso me dio el valor. Siempre es lo mismo: cuando alguien te mira con benevolencia, recordándote que tienes talento, terminas creyéndolo y no tienes miedo de hacer nada. Trabajé con David Moreau que compuso la música de la película, los arreglos de las canciones y supervisó las grabaciones. Y un buen día, o más bien una noche, me encontré en el estudio para grabar seis canciones que tengo que admitir, no fueron muy fáciles.
-¿Has descubierto un nuevo placer cantando durante la película?
-Sí, bueno, aunque puedo apreciar los límites de mi voz. El escenario, cantar, es la realización de un sueño que he tenido durante mucho tiempo. Pero sé que mi técnica ahora mismo no me permite hacer lo que tengo en mente.
-¿Qué te atrajo de la historia de “Secretos Cantados”?
-La construcción. La manera en que todos estos personajes se encuentran, se separan, se miran, se aman, se encuentran a sí mismos. Soy sensible a las historias familiares, a todo lo que hemos escondido, todo lo que no dijimos, todo lo que es revelado cuando es casi demasiado tarde. De pequeños, aceptamos las cosas según vienen. Cuando somos adultos, no es difícil descubrir ciertos secretos, ciertos lazos, descubrir que nos hemos construido sobre mentiras, las de otros. Tienes que comenzar de nuevo de otra forma nueva.
-Tú, que conoces a Thierry Klifa muy bien, ¿crees que el guión es un reflejo de él?
-Sí. Más que “I’ve been waiting so long”. Aunque ese título también se podría aplicar a esta película. Una vida esperándote, una vida esperando a alguien que diga la verdad sobre los demás y sobre sí misma. Hay una mezcla de fantasía, humor, ligereza, gravedad, cosas oscuras y emoción que creo sentir en él.
-¿En qué modo te sorprendió en el rodaje?
-Sólo conocía a la persona amable, amistosa y dulce y me encantó verle rebelándose cuando algo no le gustaba. Y sabía que no se iba a echar atrás, me gusta la gente exigente. Espero que un director me haga moverme, que me haga desear estar en el rodaje, el deseo de vestirme por la mañana, de maquillarme y de arreglarme el pelo. La baza de Thierry es saber exactamente lo que quiere decir y cómo lo quiere decir. Lo que me gustó también es que nunca me hizo creer que tenía que hacer más de lo que debía. Nunca me mintió, me dio el personaje con sus cinco escenas y sus seis canciones. Me gustó su franqueza y su determinación para convencerme de hacer este papel. Lo bueno es que me he sentido involucrada en la naturaleza global de este proyecto. Aquí, ni siquiera soy parte de la familia, en un sentido es un alivio ser sólo una parte del puzzle.
-Tu compañero principal es Gérard Lanvin…
-Con él estuve bajo las sábanas y eso crea lazos. Es estúpido, pero cuando nos vemos en esa situación en una película, se produce una forma obvia de intimidad, obligatoria, aunque no nos digamos nada. Con Gérard hay algo sincero. Es un actor que me encanta y con el que me gusta mucho actuar. Es alguien a quien no temo mirar a los ojos, y esto no es común en absoluto. Es muy instintivo y desconcertante en su manera de decir las cosas. Ocurrió que olvidé que él estaba actuando y olvidé mis frases también. Recuerdo una escena en la que le estaba escuchando contar su historia, su infancia, su encuentro con Gabriel, el Loro Azul, y ya no sabía que se suponía que debía responder. Como si no le viera como un actor actuando, sino como una persona que me estuviera contando algo.
-¿Cómo definirías la relación entre Léa y Nicky?
-Lo que es hermoso en esta historia es que ella le conoció íntimamente diez años antes y guarda un recuerdo muy fuerte de aquello. Cuando se ven de nuevo, él no la reconoce, y la considera una eventualidad, una posibilidad. Pero a ella no le preocupa. Él le agrada, simplemente. Ella no corre detrás de él, ella sólo se dice que si pudiera tener al menos una última oportunidad para un romance, eso no estaría mal, como regalo…
-¿Qué escena prefieres?
-La escena en que Léa está bajo las sábanas con Nicky. Los dos hablan sobre ellos. Ella le habla sobre los pequeños trabajos que ha hecho, hay algo infantil, y nos reímos hasta que ella le recuerda que de hecho estuvieron juntos una noche en un coche, y la escena degenera hacía otra cosa, algo más serio, más conmovedor. Fue hermoso.
-¿Una imagen que te marcara?
-Es extraño lo que voy a decir, pero es el día del funeral de Gabriel, cuando estábamos todos allí. Pasé el día mirando las caras. La impresión de que esa escena despertó en nosotros un recuerdo, una anticipación, un miedo. Es un poco extraño, y quizás estoy fantaseando, pero no olvidaré las caras de ese día…
Añadir un comentario
