Estoy aquí mismo, justo al otro lado de su pantalla, al otro lado del cristal en el que a veces se ve reflejado como si fuera un espejo. Estoy pues al otro lado de su espejo… ¿o dentro de su espejo? Son muchos los largometrajes, y también los escritores, que han sugerido su particular teoría sobre los espejos. Los hay incluso que han utilizado espejos con una imaginativa maestría.

Quién no recuerda la lucha final que enfrenta a Bruce Lee con Han en una habitación interminable de espejos en el film Operación Dragón ; en Conan El Destructor nuestro héroe llega a una habitación redonda espejada y no sabe muy bien detrás de cuál de ellos se esconde en realidad el monstruo que se interpone en su misión; ni que decir tiene que los vampiros nunca se reflejan en un espejo, bueno, los vampiros de Anne Rice sí; en Candyman 2 la única manera de romper el maleficio era… rompiendo el espejo; la malvada madastra de Blancanieves formula preguntas a su espejo mágico… En la víspera de Halloween tuve la oportunidad de ver en el cine Reflejos, el film del director Alexandre Aja, basado o inspirado en el largometraje coreano Into the mirror, en donde los espejos son los verdaderos protagonistas.

En este caso concreto los fastuosos espejos no sólo reflejan imágenes terribles del pasado, también tergiversan la realidad… y algo más. Aparte de las habituales escenas sanguinolentas inherentes a toda película de terror que se precie (si piensas que ya lo has visto todo espera a ver la escena de la bañera), de los sustos habituales mediante el uso de puertas que se abren o cierran y animalitos variados, hubo algo que me sorprendió en forma superlativa. El compositor de la banda sonora no es otro que nuestro español Javier Navarrete, sí sí, el mismo que compuso el score de El laberinto del fauno.

Los cortes musicales que se suceden a lo largo del film Reflejos encierran esa atmósfera intrigante y horrible a la que se ve empujado el personaje Ben Carson, interpretado por Kiefer Sutherland. Pero lo realmente espeluznante es la versión que Javier Navarrete se saca de la manga reinventando el tema Asturias compuesto por Isaac Albéniz. ¡Por los clavos de Cristo! ¿Cómo se convierte una partitura tan llena de vida y belleza en una melodía siniestra que te atrapa desde las entrañas hasta sumirte en tus más oscuros miedos? Sólo con la maestría de un excelente compositor. Muchos dirán que menuda originalidad, tomar un tema clásico y hacer una versión tétrica poniendo un poco de esto y otro de aquello. Claro está que ¿por qué a nadie se le ocurrió antes? Estaré por aquí cerca, aquí mismo, al otro lado del espejo, de su pantalla…


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