
Tras desertar de su unidad en Irak, un militar estadounidense regresa a su país donde pedirá a su padre, con quien le une una terrible relación a causa del pasado de alcohólico y maltratador del viejo, que le entrene para competir en un torneo de lucha cuyo premio pretende entregar a la viuda de un compañero de armas caído en combate…
Paralelamente, su hermano, un profesor de instituto que saca un dinerillo extra peleando por las noches en tugurios de mala muerte (práctica que le cuesta un sanción en su trabajo), se ve obligado a presentarse al mismo torneo con la esperanza de que ganar y evitar así un inminente desahucio que dejaría en la calle a él y a su familia…
El enfrentamiento entre ambos hermanos, que hace años que no se ven, y que mantienen una relación de amor-odio, parece inevitable.
Esta es, a grandes rasgos, la trama de ‘Warrior’ (Gavin O’Connor, 2011).
No sé vosotros, pero yo he visto telefilmes de Antena 3 que cuentan con argumentos más estimulantes. Y es que, contada así, todo hace prever que la película oscile, inevitablemente, entre lo melodramático y lo risible.

Pero, de alguna manera, O’Connor consigue evitarlo. El cineasta neoyorkino elude casi todos los peligros que entrañan semejante libreto logrando que una película que en manos de otro director podría haber resultado infumable, resulte interesante, utilizando, para lograrlo, dos herramientas ya empleadas en otra de sus películas, la muy estimable ‘Cuestión de honor’ (2008).
En primer lugar su gran habilidad para manejar las escenas dramáticas, su talento para adentrarse en las complicadas y tormentosas relaciones familiares de los protagonistas dotando de autenticidad y emoción a esos intensos momentos, pero sujetando las riendas para no caer en la sensiblería barata. Y, después, el acierto de elegir (y conseguir) un brillante plantel de actores capaces de dar profundidad a los personajes, y de hacer que las escenas antes mencionadas funcionen estupendamente.

Y es que, aunque es cierto que la cinta se muestra muy solvente en lo referente a las escenas de peleas, resultando muy atractiva para los amantes del género, su apartado más brillante es el interpretativo. Si en ‘Cuestión de honor’ O’Connor (co-autor del guión en ambos casos) contó con Edward Norton, Colin Farrel y John Voight, entre otros, en ‘Warrior’ son Tom Hardy, Nick Nolte y Joel Edgerton los encargados de dar vida de forma brillante a otro conflictivo trío compuesto, también, por un padre y sus dos hijos. Del talento del reparto protagonista dan buena fe los numerosos premios y nominaciones (entre ellas la del Óscar al mejor actor secundario para Nolte) que han recibido a lo largo de los últimos meses).
Salvo por lo previsible de algunos puntos del argumento, lo inverosímil de parte del desarrollo del torneo, y de ciertos momentos en los que la película se desvía hacia los tópicos del sub-genero de “lucha” (con ‘Rocky’ como máximo exponente), lo cierto es que estamos ante una película muy estimable que, por el momento, casi un año después de su estreno en EEUU, no ha llegado a nuestro país. Algo difícil de comprender, teniendo en cuenta las “cosas” que se estrenan, pero que tal vez sea solucionado en breve.

La notoriedad que Tom Hardy ha obtenido tras su participación en la reciente ‘El Caballero Oscuro: La leyenda renace’, tal vez haga que podamos disfrutar de este título en nuestras salas. Si el Bane de Hardy resultaba físicamente impresionante, su papel en ‘Warrior’, esta vez sin máscara que oculte su rostro, no lo es menos. Su cuerpo rocoso, su mirada salvaje, y su capacidad para transmitir una furia infinita apenas contenida hacen de la actuación de Hardy, una de las más potentes de este año.
En resumen, una película que comienza a verse con cierta precaución, y que constituye finalmente una agradable sorpresa.
Por si he despertado vuestra curiosidad, ahí va el trailer.
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