
Su nombre era Julius Henry pero todos le conocían como Groucho. Su apellido real era Henry Marx pero se hizo mundialmente conocido por ser el líder de los hermanos más delirantes que jamás han actuado juntos: Los Hermanos Marx. Sus ocurrencias, chistes, frases célebres como su archifamoso epitafio “Perdonen que no me levante” le han convertido en uno de los grandes genios de la historia de la comedia sin olvidarnos de Buster Keaton, Charles Chaplin o Jaques Tati.
Con su bigote mal pintado, sus gafas de plástico malo y su inseparable puro Groucho logró convertir el apellido Marx en un apellido chistoso. A pesar de haber trascurrido 30 años desde su muerte la figura de Groucho sigue creciendo en Internet debido a que frases tan punzantes como “Disculpen si le llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien” o “Que le den el diez por ciento de mis cenizas a mi promotor artístico” o “Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer”.
Estas son solamente unas cuantas frases que muestran la inteligencia de un artista que recurría a la improvisación y a la morcilla con una soltura que pocos han conseguido superar. Hace 30 años nos dejó un cómico que desmanteló, a través de una verborrea aliñada con una acidez incomensurable, las miserias de una sociedad en el que la hipocresía, el egoísmo y los intereses materiales de una sociedad que necesitaba morirse de risa para olvidarse de la pobreza.