El viernes 18 de julio comenzó la 31ª edición del Festival de Cine de Elche, organizado por la Obra Social de la CAM, donde perdí mi virginidad con los festivales. Para este año hay preparadas 83 proyecciones de cortos de los géneros ficción, animación y documental, aunque se inscribieron algo más de 700 cortometrajes. Como anteayer tuvo lugar el acto de apertura los políticos y la gente de traje camparon a sus anchas, pero no es ése el interés de quien escribe.
La organización del Festival ha creado un blog para tal evento, aprovechando de esta forma las herramientas 2.0 que ofrece la web y acercarse a los espectadores. Poco antes del comienzo parecía que no acudiría la gente en masa pero, por suerte, poco a poco las sillas del Hort del Xocolater se llenaron prácticamente por completo, lo que dio muy buena sensación.
Tras la bienvenida y los agradecimientos de la directora del certamen, María Dolores Piñero, y la periodista Mª Carmen Jiménez, los cortos. La primera sesión del festival contó con la reproducción de 12 cortometrajes más que interesantes en una noche con las palmeras de la ciudad que me vio nacer y crecer como único techo. Las ventajas que ofrece ver cine al aire libre (brisa veraniega, distensión, ni calefacción invernadero ni aire acondicionado iglú…) ganan a las desventajas, como pueden ser los mosquitos.
En cuanto a los cortos, en general los doce bien. La noche comenzó con dos documentales, el primero duro y positivo a la vez, Djenneba. El segundo de ellos fue Valkirias, una historia sobre la Enfermería y la vejez. Tras el paso por el documental pasó al primer plano, y de qué manera. El último golpe, el mejor corto para mí de la noche y divertido a la vez, aunque la comedia rondó mucho con cintas como Porque hay cosas que nunca se olvidan (muy a lo P. Tinto), Taxi? (corto con muchas caras conocidas), Esto no es un western (viva el guión) y Brokebike Mountain, cerrando la jornada, donde un estresado directivo trata de buscar la paz interior, aunque no contaba con la ovejas y las vacas.
Algo de drama también hubo, pero menos. Test, interesante reflexión sobre el hecho de que una mujer se quede embarazada repreentado en cuatro casos muy diferentes y representativos. A golpe de tacón versa sobre las mujeres de los mineros asturianos durante la década de los sesenta en España y los crímenes del franquismo. El penúltimo cortometraje de la noche se titula Present perfect. ¿Familia perfecta? Sí, siempre y cuando todo sea una gran mentira que envuelve al padre, la madre, la hija, el hijo y el cuñado.
También hubo dos trabajos de animación. Cabaret Gadne, un tétrico y extraño corto a modo de marionetas que, sintiéndolo mucho, no llegué a comprender. El otro trabajo de este género se titula La noche pintaba bien, sencilla representación de dos minutos de cómo se pueden enamorar dos personas. La técnica utilizada, de forma acertada, es la tiza sobre la pizarra, como se puede ver en el vídeo.
