Comentario “Wall Street. El dinero nunca duerme”

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Todos lo que escribimos queremos, de alguna manera, demostrar a los lectores lo ingeniosos que somos a través de nuestros textos o titulares, por esa razón, cuando asistí a ver la última película de Oliver Stone deseaba, por una parte, que no me gustase, que fuera un filme flojo (como apuntaban la mayoría de las críticas que había leído), que resultase incluso aburrida, para así poder titular este artículo “El dinero no duerme; el público sí”. Pero lo cierto es que la secuela me ha parecido mucho más interesante de lo esperado.

Estoy seguro de que tras salir de ver “Casablanca” en el momento de su estreno, la mayoría del público creyó, como mucho, que había visto una buena película. Sin duda nadie consideró que acababa de asistir al nacimiento de lo que luego se convertiría en el título mítico por excelencia. Dicha cualidad se consigue con el tiempo, y se construye a base de revisiones, libros, artículos y, sobre todo, de los comentarios de los aficionados. De la misma forma, y salvando las distancias, la categoría de clásico moderno que hoy ostenta el primer “Wall Street” se ha ido consolidando a lo largo de las dos décadas que han transcurrido desde su estreno. Pretender que una película que acaba de estrenarse pueda competir con una de estas obras que han ido calando en la conciencia del público a través de los años resulta bastante injusto, igualmente injusto que juzgar este “Wall Street. El dinero nunca duerme” por comparación con su predecesora.

Es cierto que Oliver Stone ha perdido parte de su energía y su garra, de esa fuerza que otorgaban a sus mejores obras sus magistrales guiones, sus magníficos y eléctricos montajes, y sus deslumbrantes fotografías. Ya no te agarra por las solapas y te empuja contra la pared mientras te susurra al oído “estate quieto, y escucha”. Pero lo cierto es que “Wall Street. El dinero nunca duerme” es una buena película, que consigue interesar de principio a fin, que cuenta con un plantel de actores francamente brillante, y que ha llegado en un momento realmente oportuno. ¿Quién mejor para explicar cómo hemos llegado a la crisis que nos abruma que ese tiburón llamado Gordon Gekko, ídolo de brokers de los ochenta y noventa, y padre ideológico de esa horda de especuladores codiciosos que han contribuido a llevarnos a donde estamos?

Gekko ya no es el canalla que era en la primera”, se quejan algunos. No sé si es verdad o no. Desde luego, si ha evolucionado (al igual que el propio Stone) en cualquier dirección a causa de los años o la cárcel, tiene todo el derecho del mundo. Como el personaje dice, los de su generación eran meros aprendices al lado de los especuladores actuales, representados por un estupendo Josh Brolin, y ninguno, ni a un lado ni a otro de la pantalla, somos ya los mismos.

Resumiendo, teniendo en cuenta que, como he dicho antes, ninguna secuela podría estar a la altura que ocupa en nuestras mentes la primera entrega, “Wall Street. El dinero nunca duerme”, es una película realmente recomendable.

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Acerca de Iñaki Bahón

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