El pacto (Seeking Justice)

A pesar de los numerosos bodrios que salpican los últimos cinco o seis años de la filmografía de Nicolas Cage, creo que hablo en nombre de todos si digo que se trata de un tipo que cae bien. Habrá que esperar a que el pobre salde sus deudas con hacienda para comprobar si puede volver a permitirse cierta libertad a la hora de elegir sus papeles. Mientras tanto tendrá que seguir haciendo lo mismo que, aparentemente, lleva haciendo los últimos años: aceptar cualquier papel que le ofrezcan.

Dentro de esta ristra de títulos olvidables nos llega ahora El pacto, dirigida por Roger Donaldson, y que narra la historia de una pareja integrada por January Jones y el propio Cage: cuando ella sufre una salvaje agresión el desesperado esposo recibe la visita de un misterioso personaje (Guy Pearce) que le ofrece “encargarse” del agresor de la mujer a cambio de que él esté dispuesto a devolverle el favor en un futuro.

El pacto (Seeking Justice)

Para tranquilizar al potencial espectador diré que El pacto no es la peor de las películas que ha protagonizado nuestro entrañable destajista en los últimos años (no tengo claro si dicho honor lo ostenta la espantosa Bangkok Dangerous o la infame Ghost Rider: Espíritu de venganza). Pero, desde luego, tampoco la mejor (ese título, ex aequeo, lo merecen Kick-Ass y Astro Boy, estupenda película de animación en la que Cage pone la voz de uno de los personajes).

Nos encontramos ante una obra del montón que no resulta espantosa pero tampoco brillante, y que si bien después del punto de partida expuesto más arriba la historia se desarrolla por unos derroteros bastante previsibles y convencionales que no perdurarán en la memoria del espectador, sí puede resultar moderadamente entretenida para el público menos exigente. Por seguir con los paralelismos con otros títulos de la reciente carrera de Nicolas Cage, la compararía con la recientemente estrenada entre nosotros Bajo amenaza, obra que comparte, a mi entender, ciertas similitudes con el título que nos ocupa: primero, que nuestro amigo Nick cuenta en ambos casos con parejas (su tocaya Nicole Kidman en aquella, January Jones en esta) muy bellas, pero con quien desarrolla una química bajo cero. Y, segundo, que ambas están dirigidas por cineastas que, sin duda, han conocido tiempos mejores, algo cierto sobre todo en el caso de Joel Schumacher.

Ambas son películas de consumo al por mayor, y de inmediato olvido.

Confiemos, como digo, en que una vez pasada esta difícil etapa económica, Nicolas Cage pueda volver a trabajar en grandes títulos como hizo no hace mucho, y quién sabe si volver a ganar otro Óscar como el que obtuvo por Leaving Las Vegas.

Por favor, Nicolas, ven hacia la luz…