‘Somos la noche’

‘Somos la noche’

Es tiempo de vampiros.

Si hace pocas fechas llegaba a nuestras pantallas Abraham Lincoln: Cazador de vampiros  (Timur Bekmambetov), y en noviembre se estrenará la (esperemos) última entrega de la Saga Crepúsculo: Amanecer. Parte 2 (Bill Condon), este próximo 21 de septiembre tendremos en los cines Somos la noche (Wir sind die Nacht, Dennis Gansel 2010).

Esta producción alemana retrata la vida de excesos de la que disfruta un trío de atractivas vampiras en el Berlín actual. Comen sin engordar, toman cocaína sin engancharse, practican el sexo sin temor a quedarse embarazadas: como ellas dicen, el sueño de millones de mujeres.

Forman parte del reducido grupo de no-muertas que se encuentran dispersas por el mundo, grupo íntegramente formado por mujeres, ya que los vampiros macho, más torpes a la hora de pasar desapercibidos, han acabado extinguidos, bien a manos de los humanos, o de las propias vampiras, quienes parece que utilizan su sobrenatural condición como definitiva herramienta de liberación femenina.

En este desenfreno hedonista y homoerótico, especie de mezcla de El ansia (The hunger, Tony Scott 1983) y Jóvenes ocultos (The Lost Boys, Joel Schumacher 1987), el conflicto surge cuando Louise (Nina Hoss), la líder del grupo, se enamora de Lena (Karoline Herfurth), una joven delincuente, y la incorpora a sus filas.

Los celos y los problemas de adaptación ante la nueva vida nocturna a la que la joven se enfrenta conllevarán consecuencias trágicas.

Personalmente hay algo que agradezco de Somos la noche: los vampiros (vampiras en este caso) son vampiros como Dios manda. Alejada de delirantes reescrituras históricas en las que fundacionales presidentes se enfrentan a ejércitos de chupasangres salidos del Tea Party, o de los lánguidos y lerdos vampiros adolescentes por desgracia tan omnipresentes en los últimos años, la película de Gansel presenta a estos nosferatus como monstruos que asesinan sin miramientos a cuantos humanos creen convenientes. Así de simple: los vampiros son malvados y dan miedo.

Por desgracia, aunque el enfoque de los personajes sea el correcto, el guión no apuesta precisamente por adentrarse en el terreno del terror, y se recrea más bien en retratar la intensa vida nocturna de las protagonistas, sin que exista una trama demasiado interesante que sustente la sucesión de escenas que se desarrolla a lo largo de una ciudad, Berlín, cuya arquitectura es sabiamente utilizada como escenario.

Resulta también extraño que las vampiras sean tan descuidadas en sus correrías: dejan tantas huellas de sus andanzas que resulta incomprensible que hayan podido pasar desapercibidas durante décadas. Y eso que criticaban la “torpeza” de sus congéneres machos…

Con todo, sin resultar una película demasiado brillante, y contar con alguna que otra incoherencia, Somos la noche sí resultará interesante para los aficionados al género.