
Hay una cosa que me emociona especialmente en todas las ceremonias de los Oscars: ese vídeo mágico que nos enseña los rostros de aquellas estrellas que nos dejaron a lo largo del año. Pues bien, no hace una semana de la muerte del actor Robert Prosky cuando fallece otro ilustre: Van Johnson.
Seguramente que a los yogurines, a la generación JASP, a los amamantados al calor de los blockbusters y a la generación “X” (amén de la retahíla de estúpidas sandeces con las que se trata de etiquetar todas las cosas en esta vida) el nombre de Van Johnson no les dice nada. Si eso es así es una lástima, se están perdiendo el brillo de uno de los mejores actores del universo cinematográfico, por lo que les recomiendo que revisen a la mayor brevedad posible sus videotecas.
Según informaba hoy su portavoz, Van Johnson, todo un icono representativo del Hollywood de las décadas de los años 40 y 50, murió ayer a los 92 años de edad por causas naturales en el centro Tappan Zee Manor de Nueva York. El actor, que tuvo la fortuna de librarse en el alistamiento de la Segunda Guerra Mundial por un accidente de coche que le dejó grandes secuelas físicas, entró a formar parte del club más deseado y selecto de galanes de Hollywood (seguro que alguno de ustedes recuerda a Errol Flynn y Humphrey Bogart, ¿verdad?) por obra y gracia de sus interpretaciones con actrices de la talla como Judy Garland, Esther Williams (en la foto de arriba junto al actor fallecido) y Janet Leigh, fundamentalmente a partir del año 1942, fecha en la que firmó un contrato con la Metro Goldwyn Mayer, donde comenzó a ganar popularidad por sus actuaciones en musicales y dramas bélicos.
Algunas de sus inolvidables actuaciones: ’30 segundos sobre Tokyo’, ‘Madame Curie’, ‘Fuego en la nieve’, ‘Brigadoon‘, ‘El motín del Caine’, ‘La última vez que ví París’, ‘Asedio en río rojo’ y ‘La rosa púrpura de El Cairo’ entre muchas otras. También participó en series de televisión tan conocidas como ‘Hombre rico, hombre pobre’, ‘Se ha escrito un crimen’ y ‘Batman’. Adiós a otro grande. Descanse en paz.
Vía: lavanguardia.es