Una impresión de P. S. Hoffman

Una impresión de P. S. Hoffman

Una impresión de P. S. Hoffman

A Philip Seymour Hoffman no lo molestaban los tontos demasiado fácil. Y como un hombre talentoso y lleno de problemas que falleció demasiado joven a la edad de 46 años en el suelo de su apartamento en la ciudad de Nueva York, a él no le gustaba demasiado que le endulcen innecesariamente las cosas. La periodista Thelma Adams nos cuenta su historia con este gran personaje.

“La última vez que vi a Philip, le estaba pidiendo disculpas. Ambos estábamos en un gran almuerzo en honor a la actuación de Cate Blacnhett en “Blue Jasmine” en la estación de los premios hace poco tiempo. Cuando me di vuelta de repente para saludar a una amiga mi cabello se metió por completo en la cara de alguien. Miré sobre mi hombro, y allí estaba Phil. Me achiqué, mortificada, porque sabía cómo era su temperamento. Pedí disculpas, Hoffman se encogió de hombro, sumamente relajado y pensé que quizás la edad lo había hecho un poco más apacible.

Hoffman, que en algún punto de su vida había sido un rebelde, desde hace rato largo se había convertido en la figurita repetida de la escena fílmica y teatral de Manhattan, pero él no había tenido que limpiar su acto para complacer a nadie. Incluso en ese almuerzo tan opulento, él se veía relativamente desarreglado para tratarse de un actor tan reconocido. Pero lo que él siempre había sentido como valioso, eran los actores, y él estaba allí para demostrar su solidaridad y apoyo por alguien que admiraba desde hace mucho: Cate Blanchett.

Fue bueno ver a Hoffman en el pico de su carrera, a pesar de los rumores persistentes de abuso de drogas y rehabilitaciones, balanceando películas éxito de taquilla como “Los juegos del hambre: En llamas” y películas indie, comedia de televisión y una familia de tres. Él ya tenía cuatro nominaciones al Oscar y uno ganado (por Capote).

Como co-fundador de la Compañía de Teatro LABrynth, él se mantuvo cerca de sus raíces en el teatro de Nueva York. De manera reciente él terminó una presentación exitosa del clásico de Arthur Miller “Death of a Salesman”. Pensé que se había hecho más suave con la edad porque la primera vez que lo entrevisté, hace más de una década, en el año 2002, él había sido cualquier cosa excepto suave”.

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