
No hay lugar a dudas. La pasada semana fue una semana negra en lo que al cine se refiere: primero la muerte de Robert Prosky ‘Canción triste de Hill Street’, después la muerte de Van Johnson ‘El motín del Caine’ y además también murió la Pin-Up, con mayúsculas, más famosa de los años 50 en los Estados Unidos: la grandísima Bettie Page. Preguntarán: ¿qué tiene que ver Bettie Page en este blog de cine si precisamente no fue actriz de cine? Respuesta: posiblemente nada, posiblemente muchísimo. Yo me pronuncio por la segunda opción porque ¿cómo podríamos medir empíricamente el impacto visual que tuvo Bettie Page no sólo en las mujeres en general sino en cada uno de los gestos, sonrisas, miradas y poses de las actrices del Hollywood de los años 50 y venideros?
Se me antoja que la herencia de Bettie Page tuvo y tiene un valor incalculable para la sociedad norteamericana y primer mundista, y en particular para todas las mujeres. Porque señoras y señores Bettie Page dio lecciones de libertad en la época y el país donde le tocó vivir, haciendo lo que tuvo o supo hacer mejor, una chica de aspecto comedido y a la vez travieso en las fotos, a pesar de confesar que ella nunca se sintió especialmente guapa y que usaba muchísimo maquillaje para cubrir sus defectos. Omnipresente en forma de pósters, fotos, cromos, revistas y juegos de cartas, allá por donde caminaras en calles y villas norteamericanas su mirada, su cabello y su cuerpo seducían en un solo abrir y cerrar de ojos.
