

Sí chic@s, habéis leído bien, he puesto Bratz, me refiero a esa película recién estrenada y que me juré a mí misma no hablar de ella.
Me da repelús el color rosa, no me gustan las muñecas, sólo los peluches, no me gusta nada la expresión “pija”, y resulta que todo esto viene “junto” en esta peli… Os preguntaréis entonces qué leches hago yo hablando de las Bratz, pues os voy a sacar de dudas…
Entre mis aficiones por el cine, mi trabajo, y varios hobbies más, también tengo una alegría: la de ser madre (con tooooodo lo que eso conlleva). Pues bien, mi hija, que aunque no tiene una edad de adolescente, se comporta como tal, y me ha pedido ir a ver “Bratz - La película”, y como os podéis imaginar, y por todo lo expuesto anteriormente, estoy ante un gran dilema: Por un lado me juré no ver esa peli y por otro seguir las razones (o mejor dicho las no razones) que como madre me llevan a acompañar a mi peque a ver “semejante producto” que diría Risto Mejide.
Antes que digáis nada, (espero leer vuestros comentarios), ¿qué hago con las Bratz? Seguramente tendré que ir iré a verla, y tal vez le saque algún valor humano, aunque ello conlleve que salga de la sala con urticaria, se me atraganten las palomitas o simplemente me divierta.
Juzgad vosotros mismos con este trailer…
