
Hace poco mi ansia cinéfila veraniega (dos sustantivos que juntos pueden llegar a ser muy perjudiciales para la vista y la salud) me llevo corriendo, deprisa y con ansia, al cine para ver una película en versión original llamada Retrato de una obsesión en castellano y Fur en su idioma original. La primera cuestión que me plateé fue la del extraño cambio de título, que por cierto cada vez estamos más acostumbrados en nuestro país, ya que la traducción literal de Fur es piel que ha sido cambiado con uno que en realidad explica un poco más el ¿significado? de este biopic tan extraño como agotador. Extrañamente muchas otras veces se produce un fenómeno totalmente inverso: el título original se traduce en otra cosa que nada tiene que ver. En este caso Fur se podría confundir con full sin que nadie se escandalice por ello.
Su director, Steven Shainberg, bajo la premisa de rodar una biografía original, libre y poética de una de las fotógrafas que mejor ha sabido retratar el lado más raro e incómodo del ser humano: Diane Arbus, ha logrado hacer una película tan extraña y poco creíble que sin querer llega a rozar lo estrafalario, lo ridículo por no decir lo penoso.

Sin duda Retrato de una obsesión está hecha para el lucimiento total de una efectiva y convincente Nicole Kidman, que se mueve con un toque similar a la Virginia Woolf de Las Horas, quizá por ello la película va perdiendo gas por querer resaltar la figura y las preocupaciones de la fotógrafa a toda costa olvidándose del resto de la historia. El espectador acaba bloqueado de ver la gran cantidad de planos e imágenes en la que vemos a la Kidman sobreactuando hasta el agotamiento. Sus gestos parecen forzados e incómodos. La relación con su familia, y en particular con su decepcionado marido, resulta tan fría como uno de esos polos que venden en los kioscos durante esta época. Uno no llega en ningún momento a identificarse con ninguno de los personajes sin recurrir al abuso de sustancias alucinógenas. Su pareja de baile esta vez es el peludo, ¡ups perdonad a todos aquellos que no la hayan visto!, Robert Downey Jr resulta al principio de la cinta un personaje enigmático y muy llamativo que al final acaba ahogándose en la mediocridad, estatismo y en el desinterés más absoluto tal y como sucede a todos los elementos que conforman esta film que pretende, sin conseguirlo, ser una rareza en sí misma.
En fin, si lo que quieren ver es a un panda de freaks sin rumbo ni guión fijo y un romance entre Diane Arbus con el personaje peludo con los diálogos más incoherentes e incomprensible desde Chewaca, esta es sin ningún tipo de dudas vuestra película ideal. Duele pagar tanto por algo que te deje tan vacío como decepcionado. Eso suele pasar mucho cuando pagas una millonada para ir a ver un partido entre dos equipos de fútbol con unos jugadores que le pesan tanto sus carteras que son incapaces de meter un gol. Tras ir al cine a ver detenidamente Retratos de una obesión, y usando la tan manida terminología futbolística, uno se queda en un claro fuera de juego.
