
La muerte de Liz Taylor el pasado 23 de marzo de 2011 sumía a la industria cinematográfica en un trágico luto puesto que era una de las pocas actrices vivas que fueron un mito en Hollywood.
Al morir parecía caer también el telón de una época, la de los grandes mitos, la de las verdaderas estrellas de un Hollywood de oro que Taylor ha dejado a oscuras. Dos premios Oscar, decenas de éxitos y muchos personajes únicos a los que la actriz impregnó de su característica frescura no pudieron opacar el papel que en realidad marcó su vida, el de sí misma.



