Kore-eda , El director japonés lleva sólo quince años entregándonos títulos memorables del cine contemporáneo y ya es un clásico. Películas que retratan historias particulares tan realistas como fantásticas, fanáticas del pulso dramático y de una expresión que mezcla sordidez y grito a la vez.
Con picos tan altos como ‘Nadie sabe’ o ‘Caminando’, Hirokazu Kore-eda, en un ataque de arrebato artístico se ha dispuesto a integrar una historia que nació del manga para transportarla con un realismo inusitado una historia de drama cómico fantástico. Todo a la vez. Se trata de Air Doll, una película que retrata la vida de una muñeca hinchable. ¿Qué? Pues una muñeca hinchable, sí, que vive en un piso con su amo, un hombre de mediana edad. Ella ni se mueve ni habla. Permanece inerte en el piso de su amo hasta que cobra vida. A partir de ahí, un retrato que excede en eficacia y nos regala una historia de vida real y de una constante en las cuestiones filosóficas de todo ser (o no) humano: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos, a lo que la muñeca agrega un par de preguntas: cómo venimos y qué significa estar vivo.
Vía: Club NOTODO


