Jueves, 15 de enero de 2009 Creado por

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Antes de que Benicio del Toro se convierta en el próximo hombre lobo en nuestras pantallas en el film ‘The Wolf Man’, y muchísimo antes de que veamos a un vampiro luchando contra Spiderman en la cuarta entrega de la saga (sí, Sam Raimi está pensando seriamente en introducir a Moebius como el próximo villano de la función), llegarán hombres lobo y vampiros a mansalva a los cines españoles, concretamente el 6 de febrero, con la tercera entrega de la saga Underworld, ‘Underworld: The Rise of the Lycans’, dirigida por el sucesor de Stan Winston en cuanto a creación de criaturas extrañas y efectos especiales, Patrick Tatopoulos. He de confesar que en el cine me llevé una grata sorpresa con la primera entrega de la saga, ‘Underworld’, pero a la segunda cita falté, ‘Underworld: Evolution’.

Por cierto que me resulta curioso no encontrar en la silla de la dirección al creador de la criatura, y director de los dos primeros films, el señor Len Wiseman. Quizás sea debido a su mayor interés por adaptar para la gran pantalla el cómic ‘Atlantis Rising’, una miniserie de cinco números que tendrá al omnisciente Michael Bay como productor junto con Dreamworks. Precisamente desde esta productora afirman que la cinta tomará la senda estilosa de James Cameron, es decir, una guerra entre humanos y atlantes a cara de perro (en la onda de Abyss’ y ‘Aliens’). Ya les dije que este año 2009… daba mucho miedo. Vean vean…

Miércoles, 12 de noviembre de 2008 Creado por

Era guerrero y místico, feroz y santo, retorcido e inocente, caballeroso, despiadado, menos que un dios, más que un hombre. No se puede medir a Muad’Dib con los estándares ordinarios. En el momento de su triunfo, adivinó la muerte que le había sido preparada, y no obstante aceptó la traición. ¿Puede uno decir que lo hizo por un sentido de justicia? ¿Qué justicia, entonces? Porque hay que recordar que ahora estamos hablando del Muad’Dib que ordenó que sus tambores de batalla fueran hechos con las pieles de sus enemigos, el Muad’Dib que negó todas las convenciones de su pasado ducal con un simple gesto de la mano, diciendo sencillamente: “Yo soy el Kwisatz Haderach. Ésta es una razón suficiente”.

Extracto de la novela Dune, escrita por Frank Herbert.

Para comprender la novela Dune [1965], la primera de una compleja saga de seis libros (Mesías de Dune [1969], Hijos de Dune [1976], Dios Emperador de Dune [1981], Herejes de Dune [1984] y Casa Capitular: Dune [1985], con dos últimas novelas elaboradas gracias a las anotaciones que dejó su autor, una de ellas publicada este año 2008 bajo el título Cazadores de Dune, quedando pendiente para el 2009 el manuscrito Gusanos de arena de Dune), antes hay que analizar los motivos que inspiraron a su autor para escribir una novela así, considerada por críticos y revistas especializadas la mejor novela de ciencia ficción de todos los tiempos.

Fotógrafo, cámara de televisión, locutor radiofónico, pescador de ostras, analista, escritor desde los ocho años… Frank Herbert fue por encima de todo, y me atrevería a decir que mucho antes que escritor, un gran amante de la psicología y acérrimo defensor de la ecología, ya que fue su preocupación por la interacción entre una sociedad dada y su medio ambiente natural, los ecosistemas sustentadores de los modos de vida de un grupo de personas en un territorio concreto (es decir, la ecología cultural, término asociado al antropólogo Julien Steward en el año 1955 en su obra Teoría del cambio cultural), la base de numerosos artículos y de buena parte de su obra literaria, siendo Dune el más evidente ejemplo.

Alejandro Jodorowsky, polifacético por génesis, fue el primer interesado en llevar a la gran pantalla la complejidad ecológica y psicológica de Dune a principios de los años 70. Éste guionista de cómics, entre otras bagatelas, trabajó más de cinco años en un proyecto fallido por el desplante final de la productora, y en el que involucró a desconocidos de alta alcurnia como el dibujante francés Moebius en la dirección artística, al artista gráfico y escultor suizo H.R.Giger en la creación del concepto visual del film, sobre todo del planeta Harkonnen (hacerse una foto en la silla Harkonnen es uno de los mayores caprichos de múltiples artistillas del star system), a Christopher Foss en el diseño de todas las naves espaciales, a Dan O´Bannon al frente de los efectos especiales, al Orson Welles actor interpretando al Barón Harkonnen, al pintor Salvador Dalí como el Emperador Shaddam y al grupo Pink Floyd como creadores de la banda sonora original (por cierto que en aquel entonces preparaban su célebre The Dark Side of the Moon)… ¡¡ CASI NÁ !! Como decía antes la productora se retiró poniendo fin al proyecto (dicen las malas lenguas que por no ser más norteamericano).

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