El director norteamericano Paul Thomas Anderson tiene una cosa muy buena y otra cosa muy mala. La buena es que si te gusta acabas adorándolo. La mala es que si no te gusta terminas por odiarlo. No es un director ni un guionista al uso, conoció las mieles de la escena cinematográfica haciendo mucho ruido con ‘Boogie Nights’, su cuarta película, con un reparto coral de infarto, una sinopsis cargada de problemas de exhibición en países como Estados Unidos (la historia se centra en la vida de una estrella del porno masculina) y un plano final que no tiene desperdicio (y que levantó a más de una y uno de la butaca). Luego vino la obra maestra ‘Magnolia’, en opinión del que esto suscribe la mejor interpretación hasta la fecha de Tom Cruise, la particular e inclasificable ‘Punch-Drunk Love’ y la para unos extraordinaria, para otros infumable, ‘Pozos de ambición’ (There Will Be Blood) que nos dejó una de las mejores interpretaciones, si no la mejor, de otro grandísimo actor, Daniel Day Lewis.
Para suerte mía y de sus fans, Paul Thomas Anderson tiene un nuevo proyecto, como él mismo ha definido un drama religioso centrado en la creación de una organización en el año 1952 en los Estados Unidos, un drama que ahondará en la estrecha relación de su intelectual y carismático líder con un vagabundo que se convertirá en su mano derecha. Después de que Universal Pictures decidiera dejar en la estacada al director, los hermanos Weinstein tomaron las riendas del proyecto, proporcionando toda la infraestructura presupuestaria para comenzar el rodaje en el presente mes de junio.



El actor