Estoy leyendo “La vida fácil”, una interesante novela de Richard Price, coguionista de “The wire”. En ella, uno de sus personajes dice de otro que “Si alguna vez llegara a ocurrírsele una idea original, esta se moriría de soledad”.
Algo así podría decirse de los productores de Hollywood. Basta echar un vistazo a los listados de películas en producción o a punto de estrenarse para comprobar que la originalidad escasea alarmantemente, que son pocos los que se arriesgan a financiar productos novedosos, y que abundan secuelas, clones o remakes de éxitos pretéritos.
Ahora a la jerga de la industria ha venido a sumarse otro nuevo término para denominar un producto que, en realidad, no es tan novedoso: “Reboot”, un término procedente del mundo de la informática que significa algo así como “reiniciar el sistema”, volverlo a arrancar.
Referido al cine, este palabro consiste, a grandes rasgos, a volver a “arrancar” lo que se espera que se convierta en una franquicia cinematográfica; hacer borrón y cuenta nueva con lo que se había hecho con ella hasta el momento, y empezar desde cero.
¿Ejemplos? Pues las recientes entregas del Batman de Christopher Nolan frente a la anterior etapa iniciada por Tim Burton y finiquitada por Joel Schumacher. “Batman begins” (cuyo título ya era toda una declaración de intenciones) olvidaba las películas anteriores: nuevos actores, nuevo argumento, y, sobre todo, nuevo enfoque.

Habrá quien se pregunte cuál es la diferencia entre un remake y un reboot, y, aunque se trata de una duda legítima, hay que advertir que la línea entre ambos conceptos no está clara, y que existen películas que podrían clasificarse con cualquiera de las dos denominaciones. Pero, desde mi punto de vista, sí que hay dos diferencias claves entre ambos términos.
Primero: un remake se basa en un argumento, mientras que un reboot lo hace en unos personajes. Un remake consiste en volver a contar una historia que ya se ha contado. Se toma un argumento ya rodado y se “rehace” con nuevos intérpretes, nuevos medios, nuevo lenguaje. Básicamente, es la misma historia, pero actualizada. Tenemos dos ejemplos recientes de esto, como son “Karate kid” o “Piraña 3D”, nuevas versiones de éxitos ochenteros que básicamente, son las mismas historias renovadas.
En cambio, un reboot es algo más ambicioso, desde cierto punto de vista, ya que aspira a ser el primer capítulo de una saga, de una franquicia (no en vano se supone que un reinicio debe reiniciar algo, ¿no?). El reboot se aleja del mimetismo del remake, y, aunque se basa en los mismos personajes que ya protagonizaron anteriores versiones cinematográficas, pretende sentar nuevas bases, unos nuevos cimientos en las que asentar futuras construcciones. Para ilustrar esto recordemos las diferencias de tono y enfoque entre las ya comentadas versiones del hombre murciélago de Burton, Schumacher y Nolan; películas muy distintas pese a contar con el mismo personaje protagonista.
Segundo: un remake surge de un éxito (relativo), pero un reboot viene motivado por un fracaso (relativo). La decisión de realizar un remake procede del deseo de volver a exprimir un argumento que ya tuvo su éxito (comercial o de crítica) en su momento, de prolongar el negocio. Por su parte, el reboot surge para reconducir una franquicia que, por alguna razón, se había desviado de las pretensiones originales, y que no estaba ofreciendo los resultados (de nuevo comerciales o de crítica), deseados. Eso es lo que sucedió con Batman, o con el Superman returns de Bryan Singer, la cual trató de revitalizar una franquicia que se hundió tras la patética Superman IV, y, por supuesto, tras el desgraciado accidente de Christopher Reeve (lo curioso es que la película de Singer no obtuvo los resultados esperados, y la saga volverá a ser próximamente rebooteada con la intención de obtener mejores resultados).
Nada nuevo bajo el sol. Como he dicho antes, el reboot puede ser un término nuevo, pero la práctica a la que alude es tan vieja como el propio cine; personajes clásicos como Drácula, Frankenstein, Tarzán o Sherlock Holmes han sido actualizados una y otra vez por diferentes productoras con la intención de construir rentables sagas a base de modernizar o modificar su enfoque.
Y también tenemos un ejemplo, más reciente, de reboot encubierto, el experimentado por el personaje de James Bond quien, a raíz de la aparición de Daniel Craig, ha experimentado una transformación más profunda que la que ha supuesto a lo largo de su historia el periódico cambio de protagonista.
El reboot goza de buena salud. Este artículo viene motivado porque en un futuro muy cercano vamos a recibir una numerosa serie de reboots, surgidos principalmente de las páginas del comic, y habrá que hablar de ellos, por lo que me pareció buena idea tratar de establecer unos conceptos mínimos antes de zambullirnos a comentar con mayor profundidad dichos estrenos, de modo que…
Continuará.